Muero en las horas de cada segundo
Al igual que Aquiles y la veloz tortuga.
Me pudro entre hojalatas
A pesar de mi etiqueta de no perecimiento
Tengo semillas dentro de mí
El estuvo aquí… se marcho sonriente
Luego de clavarme sus dientes
Inyectó en mi sangre impureza.
El minutero no me dejaba en paz
El segundero perseguía mis ideas,
Aquel tiempo destruía la simplicidad de los días
Días cuadrados que una vez infectados
Revolotearon cuales mariposas por la cuidad
Y el tiempo con cara de afligido no podía parar
De preguntarse por alguien capaz de detenerlo.
#Ya no hay quien me pare...
Zero
miércoles, 6 de mayo de 2009
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